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Membri

Me desnudo por 10 euro

Este martes, Fiorella Faltoyano (64) , famosa por la película ‘Asignatura pendiente’, de José Luis Garci, presentará su libro de memorias, ‘Aprobé en septiembre’ (La Esfera de los Libros). Será a las 18.30 horas, en el Teatro Muñoz Seca de Madrid. La actriz estará acompañada del director y productor de cine José Luis Cuerda y del actor Antonio Resines, quienes harán de maestros de ceremonia; en el patio de butacas, entre muchas caras conocidas, se encontrará el historiador y guionista de cine Fernando Méndez Leíte, con el que convive desde hace 18 años, y el productor teatral Enrique Cornejo, entre otros compañeros.
Sus memorias son un ejercicio de reflexión. Un reencuentro con su pasado. Una manera de colocar y posicionar a cada uno de sus protagonistas. Más de 60 años de vivencias llenas de amor, desamor, venganza, relaciones filiales existentes y las negadas. Una novela con todos los ingredientes del mejor ‘thriller’.

¿Asignatura aprobada?
Creo que sí, pero esa valoración la tiene que dar sólo el lector. Lo que tengo claro es que ‘Aprobé en septiembre’. Es el título que decidí para el resumen de mi vida.
¿Por qué la elección de este título ?
Porque la mayor parte de las cosas de mi vida las he aprobado en segunda convocatoria. He necesitado una segunda vez para superar asignaturas a lo largo de mi trayectoria.
Qué asignaturas
Ufffff, sobre todo en amores y familia.
Familia. ¿Se refiere a su padre?
Sí. Es una de las asignaturas más importantes de mi vida. La de mi padre la aprobé en septiembre, pero muchos años después. A la edad de 60 años.

María Blanca Fiorella Renzi Gil es una actriz española de origen gallego, hija biológica de Ramón Pardo Arias (1909-1998), alcalde de Pantón (Lugo) y de María Asunción Gil Paradela (1921-2007). Su madre, natural de Madrid, pasaba temporadas estivales cerca de Pantón con su familia y, de esas épocas de vacaciones nació el 10 de febrero de 1950 Fiorella. Seis décadas después, la actriz puede utilizar el apellido de su padre biológico, Pardo Arias.

En enero de 2012 el juzgado de Monforte reconocía, tras la realización de unas pruebas de ADN, que la actriz Fiorella Faltoyano es hija de Ramón Pardo Arias, alcalde de Pantón en los últimos años del régimen franquista (1975-1979). A su muerte, en 1998, legó todas sus propiedades a una de sus sobrinas, Dolores Palacios, como el pazo de Ferreiroá y una vivienda en A Coruña. Tras el fallecimiento de su madre, Fiorella Faltoyano fue en busca de su única verdad.

Fiorella, ¿qué pretende con sus memorias?
Este libro no nace con la intención de ser publicado. Y de la intención a la realidad hay un trecho. Una vez escrita mi vida, me di cuenta de que había desnudado el alma. Ha sido un ejercicio difícil. Muy difícil. A veces sentí vértigo en el proceso. Sinceramente, me quedo en pelotas. Me desnudo por 10 euros.
Y después de desnudarse, ¿cómo se siente?
Es liberador. Es quitarte un peso de encima. Vas más ligera de equipaje después de 60 años.
¿Algún episodio realmente difícil de escribir?
Sí. Hay uno que ha sido muy complicado de revivir, contar y transcribir. Es el final del libro.
Y quizás, el principio de otra vida, ¿no?
Pues sí. Es el primer día de otra vida. Cuando la justicia reconoce que soy hija de mi padre me dirijo a la casa de mi progenitor. Fue el encuentro con mi pasado. Anduve por los pasillos y rincones donde mi padre vivió. Fue una sensación extraña, muy extraña.
Triste y duro.
No. Extraño. Duro fue otro momento. Cuando una vez realizadas las pueblas de ADN me llaman para recoger los restos de mi padre y los tengo que trasladar al cementerio de la parroquia pantonesa de Dease para dar sepultura a los restos exhumados. Este episodio es duro. Este sí.

Fiorela Faltoyano exigió la exhumación de los restos mortales para probar que era hija biológica de Pardo Arias, proceso que se llevó a cabo en 2011. Los análisis fueron realizados en el Instituto de Medicina Legal de Santiago de Compostela. Personas que conocieron tanto a Ramón Pardo como a la madre de la actriz, Asunción Gil, señalaron que se habían hecho novios en los años 40 con la intención de casarse, pero sin que se conozcan las causas, la pareja rompió su relación cuando ella estaba ya embarazada.

 

Fue cuando Asunción Gil abandonó el pueblo y, seis meses después, se casó en Madrid con un italiano que accedió a dar su apellido a la niña. Poco después se rompió el matrimonio. Ramón Pardo también contrajo matrimonio años más tarde sin llegar a tener descendencia. Según las personas consultadas, el ex alcalde de Pantón conoció a su hija siendo un bebé, pero nunca aceptó ser su padre. Muchos años después, Faltoyano se presenta en la casa de su padre. Y se encuentran.

¿Qué pasó entonces?
Fue un minuto. El minuto más largo de mi vida. Sólo un minuto. Es necesario que cada uno lea ese párrafo porque no quiero condicionar sin haber realizado la lectura. Un minuto, sólo un minuto.
Fiorella, quién le contó la historia.
Mi madre. Por eso nunca dudé.
Ha esperado a la muerte de Asunción para recomponer el puzzle de su vida.
He esperado a que ya no hubiese nadie. Sólo yo.
Una vida para llevarla al cine.
Son unas memorias que están noveladas. Se podrían llevar perfectamente a la gran pantalla. Pero tengo una duda, ¿qué papel me darían? Lo tendré que preguntar.
Además de momentos duros en su vida, ¿qué hallaremos?
(Ríe). Amor, desamor y venganza.
¿Venganza?
Si. Venganza. Pero recuerda que todo lo aprobé en segunda convocatoria. Aprobé en septiembre.

fragmento de las memorias
El director catalán Jaime Camino, que acababa de estrenar con muy buena acogida ‘Las largas vacaciones del 36’, me ofreció trabajar con él en su siguiente proyecto, ‘La campanada’, que, como la anterior, producía José Frade. Teníamos que rodar en Barcelona y mi pareja era otra vez Juan Luis Galiardo. Era un guion muy bueno escrito por Román Gubern y el propio Jaime Camino, y había un director prestigioso, pero, eso sí, una vez más tendría que desnudarme o, bueno, algo más que eso, porque tendría que rodar escenas de cama con mi marido, o sea, con Juan Luis Galiardo. Los retos eran cada vez mayores pero yo iba progresando adecuadamente. Tafur no decía nada, pero no creo que le divirtiera mucho el asunto, porque una vez que estábamos en la playa, en Biarritz, se me ocurrió decirle que iba a hacer ‘topless’ y él, como quien no quiere la cosa, me soltó: -¡Qué más da! Ya te ha visto toda España sin sostén, así que ahora puedes empezar a enseñarlo todo en Francia. Era muy respetuoso con mi carrera, aunque, a decir verdad, yo estaba segura de que él habría preferido que me hubiera dedicado a la pesca del salmón o a la apicultura. Y si de algo estoy convencida es de que si yo hice sus dos primeras películas como productor fue a pesar suyo y no gracias a él. Como ya he repetido, en mi vida las cosas no son casi nunca como parecen. * * * El rodaje de ‘La campanada’ iba muy bien. Jaime Camino era un director exigente, pero enormemente respetuoso y educado, así que trabajar con él resultaba muy agradable. Sin embargo, Galiardo y yo estábamos un poco preocupados por las secuencias delicadas. Como es habitual, los días que tocaban escenas de cama el equipo de rodaje se reducía al máximo posible. Solo se quedaban en el decorado el director de fotografía, que era José Luis Alcaine, el operador de cámara, los maquilladores y, naturalmente, el director. Tan solo un día entró la foto-fija, o sea la persona encargada de hacer las fotos de rodaje que luego se utilizan para la promoción y publicidad de la película. Ni Juan Luis ni yo queríamos fotos de esas escenas. Sabíamos que en esos momentos algunas revistas andaban como locas a la caza de desnudos de famosos para publicar en sus páginas. La producción nos prometió que solo harían algunas fotos antes del rodaje de la escena, durante los preparativos. Nos relajamos y nos quitamos hasta el carné de identidad. Tanto Jaime como Juan Luis hicieron lo posible por que yo me sintiera tranquila y terminamos el rodaje muy satisfechos del trabajo en general y pensando que teníamos una buena película en cartera. Estrenamos en el cine Roxy de Madrid un jueves y el lunes siguiente la quitaron. No fueron ni curiosos. En Barcelona, no tengo ni idea de lo que pasó. Via: elmundo


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